En un viaje de metro

Estas últimas semanas estoy levantándome muy temprano para asistir a un curso. Este curso se imparte en Leioa, así que cada mañana tengo mi rutina de levantarme, ir a la ducha, desayunar, preparar las cosas y bajar corriendo a coger el metro.

20 minutos en este para llegar a mi destino no me los quita nadie. Es un viaje en el que puedo descansar, relajarme y ver cómo el tren parada tras parada se aleja de lo subterráneo y empieza a mostrarme el exterior. Entro en él cuando está todo oscuro y a medida que avanza mi camino y empiezo a ver la calle,  el azul del cielo se hace más claro.

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Es increíble la de gente que coge el metro a esas horas. Estoy hablando de las 7 de la mañana. Yo que no estoy acostumbrada a madrugar tan tan pronto estas cosas me sorprenden cuando tengo que hacerlo.

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