La Estatua de los Vientos que mira al mar, en Suances

Este jueves volvemos al mirador de la Playa de Los Locos de Suances, para pararnos a contemplar una interesante escultura: “Alma de Costa” (o la “Estatua de los Vientos”)
¿Te vienes con nosotros?

Estas últimas semanas no es que haya pensado en muchos lugares, que digamos…
Si ahora mismo hay un lugar que ha estado ocupando mi cabeza ese a sido la empresa en la que estoy realizando prácticas.
Pero es precisamente ahora cuando más me acuerdo del verano (sobre todo cuando miro por la ventana).
La brisa marina, el calor, el agua salada…

Y como tampoco me interesa dejar muy abandonado este blog pero no dispongo ni de mucho tiempo ni de suficiente energía como para elaborar una gran entrada, se me ha ocurrido escribir esta semana acerca de una interesante escultura con la que me crucé en el mismo mirador por el que miré a la  Playa de Los Locos de Suances.

Se trata de la Estatua de los Vientos, realizada en bronce por el escultor Jesús González de la Vega e inaugurada en octubre del año 2010. Situada sobre un pedestal de piedra, esta gran estatua mide tres metros de altura y representa algo que pude experimentar en mis propias carnes ese mismo día: Un hombre recibiendo el viento del mar con los brazos abiertos. Y digo esto último porque el vendaval del día en que visité este mirador era impresionante. No solo la zona es ventosa de por si (que lo es), sino que el día que yo la visité realmente había vientos muy fuertes por toda la costa del cantábrico, estuviese en un acantilado o en plena ciudad.

Esta escultura también conocida con el nombre “Alma de Costa” es, según su propio autor, una alegoría de la unión del hombre con la naturaleza.

Y desde luego, a mi me transmitió a simple vista todo lo que pretendía. No es solo su pose, sino también las sinuosas formas que parecen emanar de sus extremidades, dando la sensación de ser el viento con el que se vuelve uno al chocar este contra él. Y esas mismas formas en contraposición con la mayor rigidez de su torso y de sus músculos, indómitos aún ante las fuerzas de la naturaleza. Además, tanto por su abdomen como por sus manos hay agujeros, un vacío lleno únicamente por el viento que los atraviesa.
Algunos dirán que parece incluso estar desafiándo a la naturaleza pero, por su expresión facial y corporal, a mi me evoca mucho más aquello que el autor pretendía.

Quiero decir… Yo también he disfrutado muchas veces del viento abriendo mis brazos en lo alto de miradores o acantilados, respirando ese aire distinto del que atraviesa nuestras ciudades y nuestros hogares, menos adulterado que lo que estamos acostumbrados a respirar (al menos gente como yo). Más inocente pero, a su vez, más fiero y peligroso si uno no sabe entenderlo.

De hecho, la placa de esta escultura reza lo siguiente:

Alma de Costa

Mar, aire, tierra encontrados
quieren unirse, imparables.
Cada ola, mil abrazos,
racha intensa, novia amable.

En fin. Yo me despido por hoy para volver un poco a la rutina de estos meses.
El verano puede haberse terminado, pero siempre nos quedarán los recuerdos y, sobre todo, las emociones y sensaciones que les acompañan.
Y son esos mismos los que durante la oscuridad y el frío del invierno nos dicen que, en poco tiempo, volverá a salir el sol.

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