El Mercado Medieval de Vitoria-Gasteiz

Este jueves visitamos el Mercado Medieval de Vitoria-Gasteiz, que tuvo lugar entre el 22 y el 24 de Septiembre

¿Os animáis a viajar al pasado?

Como cada cuarto fin de semana de Septiembre, Vitoria viaja unos cuantos siglos hacia el pasado celebrando su tradicional Mercado Medieval. Con está ya son 17 años desde que comenzó a celebrarse este hermoso evento que llena las calles del Casco Viejo de puestos, música, espectáculos, juegos, aromas, colores, sabores y, por supuesto, gente. 

Quería haber hablado la semana pasada acerca de este mercado, pero a veces el trabajo, el cansancio y (para que negarlo) la pereza pueden con uno. De todas formas, como más vale tarde que nunca, aquí os traigo un breve pero emocionante recorrido lleno de curiosidades. 

Pero bueno, sin más preámbulos… ¡Bienvenidos al Mercado Medieval!

Como ya he mencionado antes, el Mercado Medieval de Vitoria se lleva celebrando desde hace diecisiete años y, por supuesto, no consta solo de los más de 200 puestos de venta. Este año, sin ir más lejos, los asistentes pudieron disfrutar de espectáculos teatrales al aire libre, farsas, malabares, bufones y equilibristas, títeres, música, cetrería y espectáculos de fuego, todo ello de la mano de 30 grupos teatrales que trabajaron de sol a sol con tal de sacar al público una sonrisa (y lo de sol a sol lo digo totalmente en serio, porque hacía un calor…).

Muchos artesanos ejercieron sus oficios en público y a la antigua usanza, de manera que uno podía observar de primera mano como se hilaba en una rueca, se forjaba el hierro, se soplaba el vidrio o se tallaba la madera, entre otras cosas. 

Y por si fuera poco, este año hubo como novedad tres concursos diferentes: Fotografía, pintura al aire libre y desfile. 

Arte por doquier, a diestro y siniestro y para el disfrute de todo el mundo. 

Tanto en la Plaza del Machete (situada entre la Cuesta de San Vicente y Los Arquillos) como en la que tiene su entrada en la calle Fray Zacarías había juegos, espectáculos y atracciones infantiles.

Pude ver el final de una obra teatral, unos malabaristas sobre zancos y enormes balones, una noria de madera…

Que pena no poder tener diez años de nuevo.

Bueno… espectáculos había en cada plaza, prácticamente. En la de la Brullería tuvo lugar el espectáculo bárbaro cirquense, en los Jardines de Echanove (¿De que me sonará a mi ese apellido?) estaban colocados los campamentos medievales., en la Plaza de Santa María había acróbatas con aros y telas…

Aunque estos lugares no pude visitarlos por falta de tiempo. Sin embargo si que visité la plaza Euskaldun Berría (que se encuentra junto al palacio de Escoriaza-Eskibel) donde, como desde hace ya algún tiempo, se encuentran algunos de los zocos árabes. En medio de la muchedumbre un fakir caminaba descalzo sobre cristales rotos. 

Por supuesto, no podemos olvidarnos de los puestos artesanos con artículos de todo tipo. 

La primera vez que fui al mercado medieval me fascinaron los puestos de gemas y minerales, los de jabones y los de juguetes artesanos. Todavía hoy tengo que controlarme para no llevarme medio mercado a casa. 

Aunque cuando vi una cajita de música con cierta melodía especial… no pude resistirme. 

¿Y como no?

¡Comida a tutiplén! (Como que había un puesto de patatas fritas, que muy medievales no serán… pero oye, están ricas).

Más que un mercado, es un cúmulo de tentaciones (en el buen sentido, por supuesto).

Aunque el sol no perdonaba y no pude pasar por todos y cada uno de los rincones, mereció mucho la pena volver a visitar el mercado medieval y revivir, aunque sea fugazmente, aquellos sentimientos que, de niño, me transmitía el encontrarme rodeado de juglares y bardos, bufones y equilibristas, fakires y domadores… Imbuido por los aromas a incienso en algunos lugares, a panes y a asado en otros… y maravillado por el arte y por la artesanía, buscando entre los puestos todo aquello que me enamorase para intentar, al final del día, elegir sabiamente en que gastar mi paga. 

Y merecía la pena. 

Y sigue mereciéndola.

… y por hoy, esta entrada llega a su fin. 

Pero, a partir de ahora ya estáis avisados de que cada año, el último fin de semana de Septiembre, Vitoria retorna brevemente al pasado con este festival digno de vivir y de recordar.

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