Los jardines a la entrada de La Magdalena, en Santander

Este jueves volvemos a Santander para visitar la península de la Magdalena, uno de los lugares más bellos y emblemáticos de toda la ciudad. Esta semana, concretamente, visitaremos sus jardines. 

¿Te lo vas a perder?

¡¡Por fin he terminado!! ¡Y que ganas tenía de volver a escribir en el blog! Después de mes y medio sin hacer otra cosa que no fuese trabajar en proyectos finales, da gusto poder decir que estoy de vuelta. 

Y, aparte de volver a escribir sobre lugares hermosos, una de las cosas que mas me ha apetecido hacer durante todo este período ha sido visitar esos lugares. Cosa que, obviamente, no he podido hacer. Pero en cuanto me organice, cojo una mochila y me marcho cuatro días a ver el ancho mar, a atravesar senderos interminables, a tumbarme en la hierba fresca y a disfrutar de las breves pero estrelladas noches de verano. 

Pero bueno… deseos aparte, hoy vamos a visitar un lugar en el que se pueden hacer todas esas cosas que acabo de decir: Los jardines de la Península de la Magdalena. 

Cuando fui el año pasado a Santander, uno de los lugares que más me interesaba visitar era el Palacio de la Magdalena, uno de los enclaves más emblemáticos de toda la ciudad. Se trata de un precioso edificio de arquitectura civil que, entre 1908 y 1912, fue construido para acoger a la familia real. Se trató de una iniciativa del mismo ayuntamiento de la ciudad, costó 700 mil pesetas de aquel entonces y siguió los planos de los arquitectos Javier González Riancho y Gonzalo Bringas Vega

Durante dos décadas, fue disfrutado por la familia real como residencia de verano, sin embargo, a partir de la Segunda República, los múltiples usos que se le dieron fueron deteriorándolo poco a poco. Sirvió como hospital, Universidad Internacional de Verano, residencia temporal para los damnificados por el incendio de 1941, etc. Durante este tiempo, tanto el palacio como la península de la Magdalena fueron propiedad de Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII y Conde de Barcelona, quien decidió venderlo todo a la ciudad de Santander por 150 millones de pesetas. 

En ese momento pasó a ser propiedad de la ciudad, siendo declarado monumento histórico-artístico en 1982 y sufriendo una importante rehabilitación entre 1993 y 1995. 

Y así es como está ahora.

Si… es cierto. No pude visitarlo ese día. ¡Estaba cerrado!

Pero si que pude visitar todo cuanto había a su alrededor, y aunque no tenía muchísimo tiempo (por los autobuses, básicamente), dispuse del suficiente como para pasear por sus jardines, visitar su zoo y apreciar su museo, lugares que pienso traeros al blog. 

Empezando por los jardines.


Tal vez no haya mucho que contar de ellos, pero desde luego son bonitos. No son los típicos jardines de palacio, con caminos de piedra entre flores y más flores. Son los campos de la propia península. Un hermoso paisaje de colinas y altibajos lleno de hierba fresca, grandes árboles, flores y algunos memoriales y obras de arte. 

Se trata del lugar ideal para hacer un picnic, relajarse y tumbarse a disfrutar del frescor de la hierba, la naturaleza, la brisa marina, y el cielo de la costa. 

Se trataba de un día muy soleado. Había estado lloviendo durante la mañana, pero cuando visité este lugar ya eran las cuatro de la tarde. El sol golpeaba con fuerza y eso se nota en las fotos, pero ese mismo sol también resaltaba la belleza del lugar. 

La primera obra que vi fue el Monumento en Memoria de las Víctimas del Terrorismo, esculpida en chapa de acero e inaugurada en 2005. Una pieza creada por el escultor vasco Agustín Ibarrola, quien también es autor de las pinturas que decoran los troncos en el Bosque de Oma, del que Carol habló hace ya bastante tiempo. 

No es el único memorial que había por la zona, pues cerca de este se encuentro también un monumento al documentarista y naturalista Félix Rodriguez de la Fuente.

Esta escultura fue inaugurada en 1981, un año después del fallecimiento del documentarista. 

Pero no solo de memoriales está el jardín lleno. También cuenta con numerosos árboles, señalizados mediante placas. Abundaban las encinas, a las cuales saqué algunas fotografías, aunque no eran la única especie de árbol que uno podía encontrar. 

Cerca de la entrada a todo el recinto se halla el paraninfo.

(Los tejados cónicos que se ven más allá de las sombrillas son el paraninfo)

Y una vez que atravesé esta primera parte, me dirigí a ver las focas y los pingüinos que hay en el zoo, aunque estos ya os los traeré otro día al blog. 

De momento, por hoy tengo que ir despidiéndome. Pero me marcho con el refrescante recuerdo del día que visité estos jardines.

¿Y vosotros? ¿Tenéis ganas de tumbaros en la hierba este verano?

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Un pensamiento en “Los jardines a la entrada de La Magdalena, en Santander

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