Una playita de rocas y guijarros en Ribadesella

Después de más de un año, esta semana volvemos a visitar Ribadesella, en Asturias, para conocer una playita escondida y algo distinta a las demás. Se trata de la playa de la Atalaya, y si queréis visitarla, no esperéis encontrar mucha arena.

Imagen tomada de mapio.net

Habiendo cumplido yo 4 años, mi familia alquiló un apartamentito cerca de la playa en Ribadesella. Aunque viéndolo en perspectiva no creo que tuviesen nada fuera de lo común, para mi esas vacaciones fueron inolvidables. Desde entonces siempre he sentido un cariño muy especial por esta ciudad, una ciudad a la que he vuelto cuatro veces desde entonces y que nunca me ha decepcionado.

La última vez que fui, por ejemplo, visité una cueva impresionante, subí a la Ermita de la Guía y pude ver unas preciosas estrellas como no las veía desde hacía años.
(Bueno… hubo un apagón en Vitoria unos meses antes en plena noche y fue impresionante ver el cielo despejado y sin contaminación lumínica… pero no cuenta).

El caso es que en Ribadesella hay una señora playa de alrededor de un kilómetro de largo, la playa de Santa Marina, que está muy bien para tomar el sol, bañarse o pasear. Pero también hay otra playita un poco más desconocida, más pequeña y más escondida que merece la pena visitar. Se trata de la playa de la Atalaya, una calita rocosa situada junto al monte Corberu (o Atalaya).

Imagen tomada de mas.lne.es

Se trata de un paisaje protegido de la costa Asturiana, y para llegar a ella hace falta atravesar la calle Atalaya hasta dar con el mirador por cuyas escaleras se accede a esta cala.
Antes he dicho que no esperéis encontrar arena, y aunque la hay, es muy escasa en comparación con la cantidad de guijarros, grava y piedras que componen el suelo de este lugar. Piedras pulidas, suaves, redondeadas y algunas con colores muy bonitos.
Sin embargo, no todas las piedras del lugar son tan agradables. Las majestuosas paredes del acantilado del Monte Corberu y las grandes rocas que hay el mar y por toda esa zona resultan muy vistosas, aunque muy peligrosas si uno pretende bañarse en un mar embravecido. Además, esta playa no cuenta con servicios de socorro, así que hay que andar con cuidado.

Pero es que es lo que es, un escondrijo que, aunque está frente a la ciudad, se encuentra alejado del bullicio y el turismo. Un lugar perfecto para mirar al cielo y al mar.
O a los cangrejitos ermitaños (y no tan ermitaños) que viven entre las rocas.

Siempre que visito Ribadesella, paso por esta playa. Y si alguna vez viajáis esta preciosa localidad, os recomiendo bajar a esta playita, sentaros en una roca y dejar pasar el tiempo mientras vuestro rostro es acariciado por la brisa marina.

Además, ahora que sale el buen tiempo…
¿A que dan ganas de ir a la playa?

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