Una escultura actualmente situada en la entrada de Vitoria

Este jueves vamos a conocer una escultura que actualmente nos da la bienvenida a Vitoria, aunque el lugar en el que se asienta ahora no era su emplazamiento original. Se trata de “La Inocencia, lo Inesperado”, situada en Portal de Foronda, en  el barrio de Lakua.
¿Queréis conocer su historia?

Cada vez que vuelvo a Vitoria desde Bilbao la veo, dándome la bienvenida a la ciudad que me vio nacer. Se trata de la escultura a la salida del barrio de Lakua, una enorme y sinuosa estructura metálica terminada en lo que parece un “pompón” de acero.
Es como ver una estrella de metal elevarse al cielo, dejando un halo tras de si desde el lugar de su despegue.

Esta escultura se titula “La Inocencia, Lo Inesperado” y, a pesar de las polémicas en torno a la misma, siempre me ha gustado. Se trata de una obra de arte contemporáneo del artista Imanol Marrodan y está inspirada en el hexagrama “Wu Wang del I Ching“. Simboliza la caída de un rayo desde el cielo, está compuesta por una estructura tubular de acero inoxidable y en su extremo superior, el “pompón”, como antes le he llamado, no es sino una esfera hidráulica de tres metros de diámetro con 252 salidas y un sistema de iluminación de fibra óptica.

Me recuerda a cierta fuente que hay entre unos edificios en Bilbao

La Inocencia, lo Inesperado, es una obra que, como antes he mencionado, nunca ha estado libre de polémica. Para empezar… ¿Que hace ahí?
Una escultura con un bolardo que echa agua… ¿En medio de un jardín?
Sabiendo esto, uno no tiene que ser un lince para darse cuenta de que ese no era su emplazamiento original. Y es que, para la construcción de un palacio de exposiciones que nunca se llevó a cabo, tuvieron que quitarla de la plaza cuyo centro presidía: La Plaza Euskaltzaindia.

Fue construida en 2002, situada en medio de un estanque y sirviendo como fuente, y desde su nacimiento estuvo rodeada por la polémica, primero por enfrentar al autor con quien le contrató, pues la Junta de Compensación responsable de la urbanización de ese barrio sostenían que el sistema hidráulico nunca funcionó. Marrodán, por su parte, denunciaba la dejadez y el mal trato que se le daba a la obra por parte de estas instituciones. Pero los problemas no hicieron sino crecer cuando se decidió que el emplazamiento del Palacio de Exposiciones y Auditorio de Vitoria sería precisamente el terreno en el que esta escultura estaba situado. Su autor se manifestó en contra, protagonizando una sonora protesta en la que se subió a su obra, pero fue en vano, y para colmo, el proyecto por que el tuvo que ser retirada nunca se llevó a cabo. Si se construyó, no obstante, la nueva estación de autobuses, aunque no fue en este terreno exacto, sino al lado del que ocupaba esta obra. Vamos que ahora hay estación y al lado un solar (verde, eso si).

Se podría decir que a “La inocencia, lo Inesperado”, inesperadamente, la despojaron de su inocencia.
Y ahora preside la entrada (o salida) de la ciudad en un jardín de Lakua, entre dos carreteras, cerca del monumento memorial a las víctimas de ETA y a la estación de policía.

A mi esta obra siempre me ha gustado. Esta centella metálica, las obras para su traslado (en 2011), el emplazamiento en el que estaba situada y toda esa zona de Lakuabizkarra me traen sentimientos muy profundos y poderosos respecto a una época personal pasada. Y esta obra, a su manera, no hace sino recordarme que el mundo está en constante transformación, al igual que quienes lo habitamos. El tiempo pasa, la tierra muta y nosotros, como individuos, nos adaptamos o perecemos.
Esta escultura de cuyo bolardo antes emanaba agua, ahora sirve para que montones de pájaros puedan posarse tranquilos en ella, alejados de los peligros de la vía pública. Y a mi eso, a su manera, me parece bello. Un pequeño bien dentro de una evolución forzada y a peor.

Imagen tomada de Wikimedia Commons

Y como el mundo cambia, tal vez en un futuro de esta escultura vuelva a emanar agua.
¿Quien sabe?

Lo que si se es que cada vez que vuelvo a Vitoria, noto las cosas ligeramente cambiadas.
Y me pregunto… ¿Cambiadas?
No. En evolución.
¿Y vosotros? ¿Sentís que evolucionáis junto al mundo que nos rodea?

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