De camino al Salto del Nervión

En nuestra última excursión del fin de semana por Burgos, la lluvia nos acompañó prácticamente en todo momento. Nos despertamos sin una idea clara de cómo organizar nuestro último día del fin de semana, pero uno de mis amigos propuso el plan que pronto empezamos a ejecutar. Nos fuimos a conocer el Salto del Nervión, un lugar que llevábamos tiempo queriendo ver, que yo personalmente ya había visto de pequeña pero no recordaba, y que era el sitio perfecto para aprovechar el viaje de vuelta desde Burgos hasta Bilbao.

Alucinante, ¿verdad? Aunque lo bonito sin duda es verlo en directo. Pero ¿tienes miedo a las alturas? Entonces ve con cuidado, que impresión te va a dar un poco…

De todas formas, lo que vengo a mostrar en esta entrada de hoy no es el Mirador del Salto del Nervión. Vengo a relatar el camino que hicimos para llegar a verlo.

La entrada de hoy quizás se aleje del estándar de entradas que suelo publicar, pero espero que al menos entretenga un poco.

 

Una carretera complicada 

Eran algo más tarde de las 14 horas y empezábamos a subir el puerto de Orduña para dirigirnos al parking que nos daría acceso al camino del Salto.

Teníamos medio claro una cosa: hoy en caso de comer comeríamos bastante tarde, en caso de que encontrásemos lugar que ofreciese menús a esas horas… Esto me daba bastante pena, porque aparte de que ya tenía algo de apetito tenía ganas de sentarme junto a ellos a hablar sobre el fin de semana que habíamos pasado.

Llegamos al acceso del camino. Entramos con el coche a pesar de que la carretera empezaba a resultar algo complicada debido a los baches que había. No duramos ni 2 minutos más. Dimos la vuelta y volvimos al principio.

Fotografía: hoteldato.com 

En este momento de retroceso mis ganas por esta excursión decrecieron. Tampoco lo dije muy alto porque la mayoría quería hacerlo, así que salimos del coche, miramos el plano del camino que nos esperaba y comenzamos a andar… No sabíamos cuánto tiempo nos llevaría esta aventura, pero llevábamos una bolsa llena de patatas, galletas saladas y demás dulces que habíamos comprado el día anterior para la noche y que el hambre nos iba a quitar.

Anduvimos y anduvimos por un camino que cada vez se embarraba más. Y si, en ese preciso instante comenzó a llover. Menos mal que nos estábamos acercando al punto del camino donde quisimos dejar el coche en un primer momento. Este lugar además de parking tiene baños, una caseta de información turística y algún que otro lugar para resguardarse de la lluvia.

 

Algo que no habíamos planeado 

Así que sin quererlo ni planearlo, ya más tarde de las 15 horas estábamos todos debajo de un puente medio roto comiendo todas las chucherías que en un primer momento habíamos traído para únicamente picar en caso de que tuviéramos hambre. Esa iba a ser nuestra única comida del día. Parece que hablo de manera negativa, pero en verdad no fue tan malo ese momento porque estábamos juntos y nos reíamos de la situación.

Siento no tener fotografías de este momento. Con el frío que hacía y la lluvia que no cesaba, ni a mí (“fanática” a fotografiar todo aquello que se me pone delante) me apetecía hacer fotos en ese instante.

¿Seguir o no seguir? 

Estábamos cansados y no dejaba de llover, pero algo que teníamos claro la mayoría del grupo es que el esfuerzo que habíamos hecho por llegar hasta ese punto, no se podría ver derrumbado volviendo sin llegar al destino… Uno de nosotros no lo tenía tan claro y sus razones desde luego eran todo válidas, pero si habíamos alcanzado ese punto, volver en ese momento sin ver el mirador habría sido un error.

Por suerte, con razones más fuertes todavía lo convencimos y todos nos dirigimos a realizar el tramo final del camino…. No faltaba mucho y estábamos en lo cierto…

La recompensa 

Si bien llamo recompensa a llegar al destino, sin duda alguna el conjunto de todas las hazañas junto a este momento final hacen especial 100 % el viaje. No hay que olvidarlo, el final del objetivo es importante, pero el viaje que te lleva a él también tiene cosas maravillosas..

La vuelta 

Y tocaba volver. No sin antes descubrir una cueva de lo más curiosa en este entorno natural tan bonito. ¿No te recuerda un poco al Hayedo de Otzarreta?

La vuelta no fue tan complicada como preveíamos en medio del camino antes de continuar para llegar al mirador. Buena decisión la de continuar sin miedo.

¡FELIZ MARTES!

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