Viendo Santo Domingo desde un campanario

Este jueves vamos a observar la ciudad riojana de Santo Domingo de la Calzada rodeados de campanas, pero para ello antes tendremos que subir a lo alto de la torre exenta de la catedral

¿Os llama la idea?

¡Ánimo, que no son tantos escalones!

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Para quienes no la conozcan, Santo Domingo de la Calzada es una población de La Rioja que, históricamente. ha estado muy ligada al Camino de Santiago. Esto se debe a que su fundador, Domingo García, fue un eremita que trabajó toda su vida para facilitar el paso de los peregrinos por estas tierras en las que hoy se levanta la ciudad. Por otro lado, la ciudad de Santo Domingo de la Calzada se ganó el título de “donde cantó la gallina después de asada” por el supuesto milagro que este mismo fundador, una vez hubo fallecido, llevó a cabo para salvar la vida de un joven peregrino condenado a muerte.

Pretendo contar estas historias el día que hable sobre la catedral, así que por ahora no voy a profundizar mucho más en ellas. De todas maneras, este pequeño resumen sirve como esbozo para presentar al viajero una imagen general de la tradición y el patrimonio cultural de esta región.

Patrimonio como esta torre: La torre exenta de la catedral

Y pasando de historia a batallita… he de decir que parte de mi familia es de La Rioja, de una villa en los alrededores de Santo Domingo. Por esta razón, de pequeño visitaba muy a menudo esta ciudad. Y por esta razón… bueno… 

¿Sabéis eso que dicen de que tienes que estar mucho tiempo sin pasar por un sitio para reparar en cosas que nunca te habían llamado la atención? Pues esta torre nunca me había llamado la atención. 

A ver… era una torre bonita. Estaba cerca de una taberna a la que iban mis padres, y de un vending donde me tomaba un chocolate de máquina… Y a mi, con 8 años, que una máquina me sirviera chocolate malucho… pues me hacía ilusión. 

Vamos, que cuando era pequeño no me planteaba mucho la existencia de esta torre. De interesarme por algo, me interesaba más por la catedral en si, con el gallinero real del que dispone la misma (en honor al milagro). El parador de al lado también me llamaba más la atención porque a menudo había coches de boda aparcados delante y arroz por la calzada de piedra. 

Sin embargo, hace poco volví a Santo Domingo. Llevaba aproximadamente seis años sin pisar esta ciudad. 

Fue hace un par de meses exactamente, el fin de semana del 17 de Septiembre (mi madre… ¡Como pasa el tiempo!).

Hacía un tiempo más bien desagradable. Los nubarrones grises avisaban de una lluvia fría que caía a ratos si, a ratos no. El clima era parecido al que estamos experimentando ahora en Noviembre, pero con la salvedad de que aún era verano. 

Vamos… que hacía malo. 

Y buscaba un lugar del que poder hablar en el blog cuando vi la torre de nuevo. Pero la vi… con otros ojos. Esta vez si que me llamó la atención. 

Mi idea inicial era hablar acerca de la catedral y, con suerte, encontrar otro lugar más que me llamase la atención y al que pudiese fotografiar en el poquito rato que tenía… y antes de que empezase a llover de nuevo. ¡Y estaba a punto!

Y bueno… Vaale… La idea de subir a la torre exenta de la catedral no fue mía. Y es que, aunque no lo comente, a menudo me acompaña mi pareja a la hora de visitar estos lugares y sacar algunas fotos. 

¡Le hago dar muchas vueltas al pobre, y encima de no quejarse me avisa de lugares tan interesantes como este! 

Y desde luego, es un lugar interesante. Entre otras razones porque está abierto al público, se puede visitar en un momentín, y es un lugar estupendo para observar la ciudad desde lo alto. 

Igual un día con mal tiempo no apetece tanto pero… a poco que salga el sol, esta subida debe de tener unas vistas increibles. 

Como era de esperar en esta ciudad (y más en un lugar como este). Ya en el mismo escaparate encontramos bien dispuestos una serie de elementos típicos del Camino de Santiago. 

La torre exenta es uno de los elementos más actuales de toda la catedral. Esta torre data del siglo XVIII y su construcción se llevó a cabo concretamente entre los años 1762 y 1765. 

Se la conoce como torre exenta por encontrarse separada de la catedral. Se halla concretamente a 8 metros de distancia.

Esto tiene su razón de ser, y es que esta torre es la cuarta que se levantó en la catedral. 

La primera torre se ubicaba en la catedral, sobre el espacio que actualmente ocupa el gallinero, y databa de finales del siglo XII, pero en 1450 fue destruida a causa de un rayo. Fue sustituida por una segunda torre que se terminó de edificar en 1560 y que, para mediados del XVIII, estaba a punto de acabar en ruinas.  (bueno… ya duró un tiempo).

Esto llevó al obispo Andrés de Porras y Temes a construir una tercera torre, la llamada torre-pórtico”, por edificarse apoyando una de sus caras en la fachada sur de la catedral. Esta torre fue levantada entre 1759 y 1760, pero tuvo que ser desmontada un año después por problemas tanto en el terreno como en la fachada sobre la que se apoyaba. 

Por esta razón, se decidió construir la cuarta (y actual) torre en un espacio más seguro: al otro lado de la calle mayor y a 8 metros de la catedral. 

Martín de Beratúa trazó tanto la torre exenta como la portada en la fachada de la catedral (donde se ubicaba la anterior torre). 

Construyeron la portada en 1761, la torre entre 1762 y 1765 y adosaron la casa del campanero a la misma. 

Y aquí está desde entonces.

Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 Mide 70 metros de altura y se trata de un campanario con reloj que entraría dentro del denominado modelo riojano de torre barroca, popularizado entre otros por el arquitecto de esta misma torre, Martín de Beratúa, que se inspiró en la torre barroca de la Iglesia de Santo Tomás, situada en Haro. A esta misma corriente y de la mano del mismo arquitecto pertenecen la torre de Briones y las torres gemelas de la concatedral de Santa María de la Redonda de Logroño.

Por cierto… Martín de Beratúa era vizcaino, nacido en Abadiano.

Hala… ¡Subámosla!

El precio para subir son 2 euros. A cambio, uno puede ver la maquinaria del reloj, el campanario y las hermosas vistas de la ciudad. Además, te regalan un folleto guía con información muy útil e interesante sobre la catedral, el santo, la torre y la historia de la ciudad. 

A mi me pareció un buen precio para un buen plan. 

Aquí dentro se hacía difícil sacar una fotografía en condiciones, pues había poca luz. A medida que vamos subiendo, podemos ir apreciando la altura a la que estamos si observamos a través de ciertas ventanas… o nos asomamos a algunas rendijas. 

La torre está dividida en tres cuerpos: dos de planta cuadrada y un tercero, el campanario, de planta octogonal y con cuatro pequeñas torres en los ángulos. Culmina en una cúpula. 

A medio camino del final llegamos a la maquinaria del reloj, instalado en 1780 por el herrero Martín Pasco. Se trata de la misma maquinaria de aquel entonces, la cual sigue funcionando igual que antaño. 

Seguimos subiendo por las escaleras. 

La torre está construida con piedra arenisca, y sus cimientos llevan una mezcla de cal, arena, pequeñas piedras y cornamenta de vacuno. Todo esto pretendía contrarrestar la falta de firmeza del terreno y el exceso de agua en el subsuelo sobre el que está edificada. Y es que esta falta de firmeza fue una de las razones por la cual tuvo que desmantelarse la torre predecesora a esta. 

La escalera, por cierto, tiene 132 peldaños, aunque a mi me parecieron más. Sin embargo, he de decir con total sinceridad que no me cansé subiéndolos. Estaba demasiado distraído mirando por las ventanas y sacando fotos. 

Y, por fin, llegamos a la cúspide: El Campanario. 

Hay que tener algo de cuidado con las enormes campanas que se sitúan en los ocho lados de la torre, cuidado de no hacerles nada y cuidado de no hacernos daño. 

La verdad, a mi me parecieron majestuosas.

¡Y grandes!

Estas campanas, junto con las vistas, hacen que merezca mucho la pena el subir hasta aquí. Yo, personalmente, lo recomiendo.

Y con esta estampa de Santo Domingo de la Calzada voy a terminar la entrada de este jueves, no sin antes recomendar este lugar a todo aquel que quiera ver esta ciudad desde una perspectiva totalmente distinta. 

¿Qué, os animáis a subir los 132 peldaños?

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