El Gran Casino que cumple cien años

Este jueves seguimos con nuestra visita a la ciudad de Santander para acercarnos a conocer un lugar que está de celebración. Se trata del Gran Casino Sardinero, que este 2016 cumple cien años.

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No es la primera vez que en Piensa en un Lugar nos acercamos hasta un casino. Primero fue el Ayuntamiento de Donostia, cuyo palacio sirvió como un gran casino durante muchos años. Después Patri nos llevó a ver por dentro el Casino de Madrid. Hoy os invito a acompañarme en una breve visitita al Gran Casino Sardinero, ubicado en el barrio de El Sardinero, concretamente en la Plaza de Italia.

Acababa de comer cuando lo vi y no pude evitar sacarle unas cuantas fotografías. Las nubes de lluvia se estaban esfumando al fin y el sol de mediodía pegaba con fuerza, por lo que muchas de las fotos que tomé no me han servido. Cuando la sombra no era demasiado oscura, el sol era demasiado brillante… Aunque alguna que otra pude salvar.
El palacio, sin duda, es digno de ver. No entré dentro por varias razones (no estaba presentable, no sabía que iba a hacer allí, tenía el tiempo justo para visitar el Palacio de la Magdalena, etc.), pero aún así quería mencionarlo en este blog. Y es que, además de su belleza exterior, este lugar también tiene su historia.

El Gran Casino del Sardinero fue construido en el año 1916 y sobre el terreno en el que años atrás se edificó el anterior casino de Santander.
El anterior casino de la ciudad había visto pasar por su interior a grandes personalidades de la época, como Amadeo de Saboya, la reina Victoria Eugenia o Alfonso XIII. Era punto de encuentro de la aristocracia, tanto nacional como internacional, y durante su época, este casino se convirtió en uno de los más importantes puntos neurálgicos de la ciudad, contribuyendo así al turismo y a la economía de esta.

Sin embargo su vida fue corta, ya que en 1900 el juego fue prohibido en España. Aunque esto no supuso un gran problema, ya que un año después, en 1901, se construyó el segundo casino de la ciudad. Este segundo casino tenía una mayor oferta tanto en juego como en espectáculos y entretenimiento, contaba con mayor tamaño y no solo se centraba en las demandas de la burguesía, abriéndose así a un público mucho más amplio. Ofrecía teatros, cine, bailes, cotillones e incluso concursos de natación y, durante los meses de verano, este era uno de los mayores atractivos turísticos de la capital cántabra. Por ello, también comenzaron a construirse muchos hoteles en la zona.

Precisamente el que se convirtiese en algo tan importante fue lo que motivó la construcción del tercer y actual casino, uno que estuviese a la altura de la Familia Real de la época, a quienes les gustaba frecuentar este espacio. Además, el que España se mantuviese neutral durante la Primera Guerra Mundial aumentó la afluencia de turistas, y esto conllevó también a necesitar instalaciones más acordes al veraneo y con más y mayores servicios. En otras palabras: el casino se quedaba pequeño.

El nuevo casino fue patrocinado por el empresario belga Georges Marquet, y el proyecto de su construcción se le encomendó a Eloy Martínez del Valle. Este, a su vez, decidió emular las pautas arquitectónicas que había seguido Charles Garnier a la hora de construir el Gran Casino de Montecarlo.

Casino de Montecarlo. Imagen tomada de Wikimedia Commons

En palabras del mismo Martinez del Valle:

“el Casino debe tener una pintoresca situación, debe estar próximo a la playa en una estación de baños de mar, y su acceso debe ser fácil, no fatigoso, debe estar bien orientado…Su construcción debe ser suntuosa y ligera a la vez, con grandes ventanales y amplias terrazas y con altura suficiente para dominar el panorama de la estación veraniega donde radica su emplazamiento….La amplitud de ese recinto en planta y en altura debe ser tal que en el edificio quepan holgadamente la sala de fiestas y espectáculos…las salas de lectura, biblioteca…salas de juego, billar…los salones para comedor, restaurante, café, bar…la concurrencia de un Casino es muy heterogénea, donde tiene entrada todo veraneante, turista o concurrente en general que se comporte debidamente“.

El casino fue terminado en 1916 y ocupó 4168 metros cuadrados. Contaba en su momento con entrada para carruajes, varios salones de espectáculos, un gran café, un bar y un restaurante, un teatro, un salón de billar, una sala de esgrima, una biblioteca y una sala de lectura…
Por su parte, el estilo arquitectónico y decorativo de su interior es neo-renacentista, y corría a cargo del escultor Jose Quintana.

De nuevo, el éxito acompañaba a este renovado casino. Atraía a un gran público, creaba fortuna con la que seguía ampliándo sus servicios y los reyes estaban encantados.

Imagen tomada de Wikimedia Commons

Sin embargo, en 1924 el juego volvió a prohibirse en España, y el casino, como tal, entró en decadencia. Salvo el juego, el resto de actividades seguían en activo, pero atraía menos público.
El Gran Casino del Sardinero comenzó a recuperarse cuando, a principios de los 50, comenzó a utilizarse para otras actividades: Para ofrecer cursos de verano, como emplazamiento para conciertos, etc. Intentó incluso convertirse en un Palacio de Festivales, pero sin éxito.

En 1977 el juego volvió a ser legal y el casino pudo, de nuevo, abrir sus puertas como casino, lo que llevó a su recuperación.

Fotografía Palazuelos. Gran Casino del Sardinero. Sala de juego, 1986, Fondo Ayuntamiento de Santander, Centro de Documentación de la Imagen de Santander, CDIS, Ayuntamiento de Santander. Fotografía tomada de http://www.grancasinosantander.es/historia/

Este año, en conmemoración del centenario de la construcción de este tercer Gran Casino, se están llevando a cabo varias actividades que pueden consultarse en la página web del Gran Casino el Sardinero.
Me fijé en que cumplía cien años durante mi visita, pues la base del palacio estaba cubierta por un cartel en el que se muestra el edificio en su antigüedad.

El palacio es bonito por fuera y, aunque no pude entrar, seguro que es bonito por dentro. Me hubiese gustado entrar a verlo, pero otra vez será. Tal vez alguna vez vuelva y lo haga. Mientras tanto habrá que conformarse con estas imágenes.


Pero quien quiera puede pasarse por allí y verlo por su cuenta, siempre y cuando esté en Santander, claro.

¿Os hace entrar a verlo, o preferís tomar la sombra bajo los árboles de la Plaza de Italia?

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