Durmiendo en un colegio de Mataporquera

En 2012 asistí a un curso intensivo en Mataporquera (Cantabria) y dormí 15 días en las clases de un colegio. Bueno, he de reconocer que uno de esos días dormí al aire libre sin tienda de campaña ni nada.

Pero vayamos por partes. En agosto de 2012 me apunté a un curso intensivo con mis amigos y viajamos en bus hasta Mataporquera. Pensábamos que nos iba a dejar en una estación o algún sitio donde pudiésemos preguntar donde se haría el curso pero nos dejó en una calle cualquiera. El pueblo estaba prácticamente vacío (en 2012 según el INE tenía 851 habitantes) y hacia mucho sol. Tras preguntar en un bar dimos con el lugar que no era lo que esperábamos, pero como llegamos pronto fuimos a dar un paseo.

El pueblo era como otro cualquiera: unas pocas casas, el ayuntamiento, una bolera,.. ¡Incluso tenía un monumento a la aviación! Que ahora que lo veo, me recuerda a las obras de Chillida de las que ya nos han hablado Patricia y Josu: Una obra que elogia al hierro o el de una placita con arte, entre otros.

Aunque lo que más nos llamó la atención antes de llegar a Mataporquera fue este “globo aerostático” y la fábrica de Cementos Alfa pintado de colores.

Que por cierto, hablando de fábricas, Leioa y Mataporquera están unidas por Unquinesa (Antigua Dow Chemical) de la que ya os hablé en la entrada sobre Nazis, ETA y zombies en Leioa por si queréis saber más sobre esta conexión os dejo este documento de Euskomedia que encontré haciendo mi Trabajo de Fin de Grado: Fábrica de Pueblos.

Después de conocer un poco el pueblo volvimos al lugar que efectivamente era un Colegio y resulta que al final por dar una vuelta llegamos casi los últimos. En esta foto se puede ver a lo lejos el colegio, que contaba con un gimnasio y un pequeño patio.

Entramos al colegio y ya estaba lleno de mochilas y demás. También nos dimos cuenta que las instalaciones estaban totalmente forradas de fotos, dibujos, proyectos del alumnado del colegio  y textos.

¡Hasta las escaleras estaban llenas de textos! Era útil porque mientras subías, aprendías.

Cuando os digo que el colegio estaba completamente empapelado, es que os lo digo de verdad. Tenías que pasar con cuidado por los pasillos para no romper las obras artísticas del alumnado. De noche, era lo peor, si te descuidabas podías quedar atrapada en un bosque de papel.

Lo mejor fue el momento de elegir habitación. Solo había dos clases. Sí, sí, clases, con pizarra y todo. Solo que en vez de pupitres había literas. Todo lo demás estaba. Como si entre sueño y sueño viniese un profesor a explicarnos algo.

Por supuesto, las obras artísticas también estaban presentes en las clases. Como no había ni mesillas de noche ni nada, los pupitres y las sillas eran multiusos, lo mismo te servían para subir a la segunda litera que para dejar cosas o jugar a las cartas.

Sin duda, fue una experiencia diferente. Nunca pensé que una pesadilla (tener que pasar la noche en un colegio) fuera tan divertida.  ¿Y tú? ¿Alguna vez has tenido una experiencia parecida?

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