El legado de una secuoya

Hace un siglo y medio, en 1858, un hombre llamado Juan Ibarrondo compró el plantón de un gran árbol en una exposición de Bruselas. En 1860 lo plantó en Vitoria-Gasteiz. Y hoy, en 2016, os traigo a este blog lo que queda de él, de la singular secuoya de Vitoria. 

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Lo cierto es que no hace mucho tiempo que se de la existencia de esta secuoya… relativamente. Me la descubrieron cuando tenía alrededor de 16 años, y eso que llevaba viviendo en Vitoria toda mi vida. Hasta entonces, había pasado completamente desapercibida por mi. Y es que no se encuentra muy a la vista precisamente. Por eso creo que merece la pena dedicarle un espacio en este blog. 

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Esta secuoya se encuentra en el jardín de un patio interior situado detrás de unos edificios, al lado del colegio Urkide. Se puede acceder a este patio por la Calle Magdalena, que pasa por enfrente de la catedral de María Inmaculada (conocida como catedral Nueva). El patio, además, tiene lugar para sentarse y poder mirar hacia el árbol.

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¡Esta espectacular secuoya mide 40 metros de altura (7 pisos más o menos), y el diámetro de su tronco es de 8,05 metros!

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En la siguiente fotografía podemos comparar el tamaño de la secuoya frente a la de un hombre. ¡Desde aquí agradecemos a Igor Rozas por prestarse a ello!

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Bueno…

Ahora viene lo triste. 

Ese majestuoso árbol del que habla esta entrada y que podéis ver en estas imágenes ya no está vivo

Estais viendo en las fotos a un árbol muerto. 

Suena tétrico. ¿Verdad?

Pues bien… la secuoya enfermó hace unos años. Un hongo llamado Armillaria Mellea parasitó sus raíces casi al completo, y después de evaluar el estado del árbol, el ayuntamiento determinó que no tenía posibilidad de salvarse. Actualmente, los informes acerca de su estado de salud afirman rotundamente que la secuoya está “totalmente muerta”. 

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En su momento se planteó la posibilidad de talarla, pero parece que la van a conservar como un símbolo. Tal y como está, tal y como se ve en las fotografías (que fueron sacadas en diciembre de 2015).

Al parecer, la secuoya, ya sin vida, presentará ese estado al menos durante los próximos 40, 60, o incluso 100 años, sin necesidad de tratamientos de conservación. 

Después… bueno. Ya se verá que hacen con ella. 

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En fin… es una pena. Aun así, uno puede seguir maravillándose con la majestuosidad de lo que en su momento fue un arbolito verde y vivo. 

Desde aquí animo a quien quiera a posarse delante de su tronco y a mirar hacia el cielo.

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2 pensamientos en “El legado de una secuoya

    • ¡Hola Iñaki! Muchas gracias por leer nuestro blog y por comentar en él. Gracias a tu aportación hemos corregido ese error. Son 40 metros, se nos había colado un 1, jeje. ¡Saludos!

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